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Miquel Barceló

El verano pasado, me quedé con las ganas de ver en vivo la obra de Miquel Barceló en Palma de Mallorca por un viaje planeado, fallido.

Barceló
es uno de mis favoritos, lo era ya antes de oírle hablar en una charla inolvidable en el Museo del Prado. Era en el ciclo de conferencias “El Museo del Prado visto por doce artistas contemporáneos“, organizado por Francisco Calvo Serraller, que consistia en cada uno de los 12 artistas invitados, hablasen de sus obras preferida del Museo.

Antonio Saura
y Miquel Barceló eligieron la misma obra: ese cuadro extraño y fascinante, casi un misterio indescifrable, la cabeza de perro, de Goya.

Recuerdo un Antonio Saura con una presencia impactante, caminando con su bastón, teatral, impresionante en su discurso -quizá uno de los artistas más inteligentes que ha parido España- cultísimo, de un discurso lleno de preguntas, de razonamientos, de sombras y lucidez. Su mirada dura y humana al mismo tiempo.

Recuerdo un Miquel Barceló casi de la misma generación que la mayoría del publico joven que llenó la sala, en vaqueros, contando cuando fumaba bajo la escultura de Velazquez antes de entrar en sus visitas al Museo, como quien se prepara en ritual, a entrar a “otro mundo”.

Recuerdo su naturalidad, su sencillez -y ya era un artista internacionalmente reconocido- y eso de matérico de su obra estaba también en sus palabras, que parecían las “tocaba”, desde las vísceras.

Cuando yo hablaba en contra de las nacionalidades en pintura, me refería a esta especificidad de pintura española que es una fatalidad, algo que uno se encuentra sin pretenderlo. Yo soy un catalán de ultramar, muy poco español en cuestión de gusto y mi pintura tiene esta especie de presencia de lo orgánico y de lo matérico sin ninguna voluntad política de ello. La idea de nacionalidades es más bien ese pequeño gusto por hacer pequeños compartimentos y es también otra cosa, es un poco esta idea de que la pintura tiene que ser fatalmente un asunto de unos pocos encerrados en pequeñas salas de universidad. Creo que esta generosidad de la mirada real que es el Prado hoy mismo, sería lo que es la pintura sin fronteras.
De la misma forma que no podemos entender a Monet sin Goya. ¿Quien se atreve a decir que Monet es un pintor francés y Goya un pintor español? Eso continúa ocurriendo permanentemente, el discurso de la pintura es un discurso que es absolutamente internacional y abierto continuamente. Es decir, los pintores con los que yo estoy dialogando están a bastantes millones de kilómetros de distancia ahora mismo. La fertilidad de la pintura consiste en este diálogo. Eso es lo que quería decir, no era una negación de la especificidad de la pintura española, que por otra parte es evidente en el Prado, pero paradójico
.”

Era 1989-90. Tomé notas de estas charlas, por algún lado las tendré entre mis papeles “encarpetados”, que espero encontrar (un día de estos).
La cita la he tomado de miguelbarcelo.info. (Un archivo en pdf del coloquio trás su conferencia)

No llegué a verle a él en la estupenda exposición que exhibió la Sala Kubo de Kutxa, comisariada por María José Aranzasti en el 2005, sí su magnífica obra.

Hoy lo he recordado al visitar una exposición de obra gráfica de Barceló en San Sebastián.

Y acabo de descubrir que se publicó el libro: Doce artistas de vanguardia en el Museo del Prado, que recoge las conferencias del citado ciclo.
Voy a comprármelo.

Queda pendiente: ir a ver la obra de Barceló en Mallorca



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  1. Amaya

    el libro está agotado :-(

Reply to “Miquel Barceló”

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